Esto es Ayacucho, en el Perú, una ciudad paupérrima en uno de los países más pobres. Es aquí donde la organización terrorista Sendero Luminoso nació y dominó el área durante la década de los ochenta y noventas. Hoy en día, esta ciudad encantadora y acogedora alberga miles de campesinos desocupados que decidieron dejar la miseria de sus campos en búsqueda de alguna estabilidad. El desempleo alcanza el 80%...pero ¿qué significa esto concretamente en la realidad?
La intensidad del sol del mediodía es insufrible en el pueblo.Una anciana puede estar interminables horas en un mercado tratando de vender clavo de olor por menos de un dólar al día....Un conductor de moto taxi regresa a su casa después de una jornada de 15 horas sabiendo que lo que ganó no le va a alcanzar para mandar a sus hijos al colegio… ¡Los años dorados del imperio incaico quedaron atrás!
Más allá de la cultura y del legado peruano, un gran número de habitantes comparten este mismo destino. Los niños son los que más sufren consecuencias de estas circunstancias. El alcoholismo y la violencia están ganando cada día más terreno así como la prostitución que es cada vez mayor en las calles. Para muchos padres la única esperanza de sobre vivencia de sus hijos es abandonándolos en las calles.
Los orfanatos y las instituciones públicas tienen una mínima presencia y los existentes no se pueden dar abasto con la cantidad de niños que albergan.
En el año 2001, Gil, Chantal y su hijo Aaron llegaron al Perú. Él es belga y ella francesa, ambos de edad madura. En su maleta, traían muchísimo amor y felicidad para compartir entre sus semejantes, siguiendo el ejemplo de la Madre Teresa de Calcutta.